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  • Fecha Última actualización: 14/05/2015
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Errenteria

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Edad Moderna 

Escudo de la familia Alduncin que jugó un papel relevante en el municipio <br/>durante la Baja Edad Media y parte de la Edad Moderna
Escudo de la familia Alduncin que jugó un papel relevante en el municipio
durante la Baja Edad Media y parte de la Edad Moderna
Declive del puerto, asentamientos industriales y consolidación del caserío.
 

La actividad de las ferrerías tuvo un nuevo impulso durante esta época. En 1567 el Real Monasterio de Roncesvalles y en 1585 Goizueta concedieron licencia a Errenteria para ubicar en sus jurisdicciones las represas de la ferrería de Añarbe. En 1592 ya estaba en funcionamiento y llegó a producir 130 toneladas anuales de hierro, lo que suponía unos buenos ingresos al municipio. La aparición de los altos hornos en el siglo pasado provocó su cierre.

La ferrería municipal de Renteriola pasó en 1769 a manos privadas. Quienes la adquirieron en propiedad la transformaron en una fundición, la Fandería. Este complejo industrial causó admiración por la técnica de trabajo del hierro y cobre, hasta que en 1873 fue destruida en las guerras carlistas.

Las instalaciones hidráulicas de la Fandería fueron aprovechadas para instalación de un molino harinero que ha funcionado hasta hace 30 años.
Hubo otros molinos en el municipio, como el de Bengoerrota o el de Pekín, que funcionó en Pontika durante el siglo XVIII.

En sus litigios por el puerto de Pasaia, Errenteria había obtenido de Enrique III el privilegio de comercio con Navarra, privilegio que San Sebastián no podía permitir y que se encargó de desbaratar. Pero el municipio no se resignó a perder el comercio de la lana navarra y en 1540 proyectó la apertura de un camino de Goizueta a Errenteria atravesando el Añarbe. Intento fallido, ya que en 1542, San Sebastián, Hondarribia, Tolosa y Oiartzun logran que las Juntas Provinciales desestimen el proyecto. Con el control del puerto prácticamente perdido, la actividad comercial y marítima comenzó un lento declive.
En 1497 se construyó una lonja en los terrenos que hoy ocupa la Plaza de los Fueros. El edificio se destinó a almacén y punto de venta del género llegado al puerto, que se encontraba en ese lugar. Su explotación provocó nuevos conflictos con Oiartzun, que llegó a poseer su propia lonja en Pasaia, en terrenos de San Sebastián.

Un proyecto de construcción de tres ferrerías en el siglo XVI, necesitó la apertura de una investigación por parte del Corregidor de la Provincia. El objeto de su investigación era aclarar si las necesidades de madera de las ferrerías podían poner en peligro una actividad de interés para la Corona, la de los astilleros.

Errenteria contó con astilleros en Ugarritze, Pontika, Magdalena, Basanoaga o Molinao y Arrabal. En los siglos XVI y XVII la familia Amasa fue considerada como la mejor constructora de su tiempo. Los astilleros de Errenteria dotaron de numerosos barcos a la Armada Real. Al más famoso de estos constructores, Juan de Amasa, llegaron a adeudarle 74.125 reales de plata que la Corona finalmente le abonó, aunque 15 años después de su muerte.

Se llegaron a construir galeones de 800 toneladas hasta la primera mitad del siglo XVII. A partir de entonces sólo pudieron construirse naves de menor tonelaje: la ría de Errenteria comenzaba a enfangarse y a desecarse. En 1658 los astilleros del Arrabal habían cesado su actividad por esta razón. Errenteria acusó a San Sebastián de ser responsable de esta situación, por su dejadez en el cuidado del puerto de Pasaia, lo que supuso la puntilla a las aspiraciones marítimas de la Villa.

Un siglo más tarde el mar, en marea baja, se introducía en el puerto de Pasaia poco más allá de San Pedro y San Juan. La concesión real de libertad de comercio por el puerto a Errenteria se produjo en 1805. La definitiva y anhelada facultad para comerciar libremente llegó cuando la situación del puerto impedía su puesta en práctica. El Libro de Mercantes del municipio tiene su última anotación en 1832 y en 1844 sólo quedaban en Errenteria dos embarcaciones.

Errenteria mantuvo a lo largo de esta época una gran riqueza forestal. Los antiguos terrenos comunales del municipio, que suponían gran parte de su superficie, estaban destinados principalmente a la producción maderera para la obtención de carbón vegetal y la construcción naval. En 1593 se solicitó madera para la construcción de nada menos que 29 galeones, solicitud que fue cumplida. Podemos hacernos una idea de la inmensa cantidad de madera solicitada por el siguiente ejemplo: en 1606 se pidió madera para la construcción de tres galeones. La madera requerida para esos tres galeones era de mil robles.

El mantenimiento de semejante patrimonio se realizó gracias a una minuciosa legislación dictada por la Corona desde la época medieval y, sobre todo, a la normativa provincial y municipal. Errenteria tenía dividido su patrimonio forestal en doce compartimentos, con objeto de regular la saca de madera. Hay que señalar que un robledal comienza a producir madera de calidad 100 años después de ser plantado.

En el resto del municipio el sistema agrícola del caserío se asienta definitivamente durante la Edad Moderna. En la primera mitad del siglo XVI, dada la sensación de seguridad y prosperidad que reinó, se asistió a la construcción de los caseríos de piedra y madera de dos plantas, la inferior destinado a sus habitantes y  animales domésticos, y  la superior a almacén de la cosecha, principalmente trigo, mijo y manzana. Además, era común contar con un lagar para la elaboración de sidra.

A fines de este siglo llegó al campo una planta americana, el maíz, que producía el triple de grano que el trigo. Gente que a lo largo de los siglos XVII y XVIII, vio posibilidades de beneficio en el nuevo producto y fundaron nuevos caseríos que ponían en alquiler. Los nuevos caseríos se encontraban sobre terrenos con mayor pendiente que habían estado ocupados por bosques y prados. La disminución de pastos introdujo otro cultivo, el nabo, para alimentar a vacas y bueyes.

El trigo que se producía estaba destinado íntegramente al pago de la renta que se hacía en fanegas de ese cereal. Quienes labraban tenían que contentarse con poder producir maíz para los talos y el pan de borona, que junto a la castaña, formaban sus alimentos básicos.
Tras unos siglos de elevada producción agrícola, las tierras comienzan a empobrecerse. Los cultivos se rotan con mayor asiduidad y se construyen hornos de cal. La cal producida se empleaba para "calentar la tierra" durante la siembra de trigo en el frío mes de noviembre, facilitando su germinación, y como abono. Pero su uso, generalmente abusivo, provoca un empobrecimiento mayor y "quema" algunas de las parcelas. En esta situación de empobrecimiento por pérdida de fertilidad del suelo, el caserío comienza a no contar con suficientes excedentes y a darse por satisfecho si logra la autosubsistencia.

Durante la Edad Moderna la expansión del caserío en Errenteria aumentó los terrenos destinados al cultivo, en detrimento de bosques y pastos. El paisaje se diversificó por la introducción de los nuevos cultivos. Por otro lado los robledales y hayedos sufrieron una fuerte explotación y se transformaron en sistemas de producción forestal. De bosques naturales de los que se extraía madera desordenadamente durante la Edad Media, se pasa al cultivo de los mismos, generalizándose los viveros, las entresacas, las repoblaciones tras la última corta, el cierre al ganado de los plantíos jóvenes, la separación de los destinados a carbón vegetal y a la construcción, etc.

 


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